Liceo Ignacio Carrera Pinto: Buscando la autonomía en el proceso de aprendizaje

2019/12/1

Con el objetivo de lograr aprendizajes significativos en sus estudiantes, los liceos que forman la comunidad Serf, han ido elaborando una serie de proyectos dirigidos a conseguir esa meta. En esa línea, el Liceo Ignacio Carrera Pinto generó durante el segundo semestre de este año el Taller de Autonomía.

Esta iniciativa piloto, según nos indica Brigitte García, inspectora general del establecimiento y quien lidera este trabajo, tiene como principal objetivo desarrollar competencias que permitan a sus estudiantes “gestionar su propio aprendizaje”.

Desarrollo del taller

El consejo de profesores seleccionó a dos estudiantes por nivel. Se les asignó un horario y un espacio, en este caso la biblioteca, y también se estableció un grupo de docentes para que realizaran el acompañamiento. De esta forma, los estudiantes van trabajando a su ritmo en la asignatura que ellos estimen. La inspectora general indica que dentro de las definiciones que tomaron, estuvo “omitir del taller las asignaturas de arte porque son más manuales y la de orientación”.

“Les dimos a los estudiantes la opción de entrar a las clases que ellos quisieran, pero cumpliendo el calendario que tenían los temas. Tenían que seguir las etapas de sustentación y de promoción. Los estudiantes optaron por entrar a la clase de matemáticas porque ahí tenían una serie de falencias, y además debido a que en esa clase tenían más trabajos de aplicación” indica Brigitte García.

Para la planificación del taller, se les pidió a los especialistas que, al comienzo de éste, hicieran una planilla con todos los temas que los estudiantes iban a trabajar, donde estuvieran registradas las citas de promoción, las citas de sustentación, las fechas en las que ellos tenían que promocionar, las fechas de cada tema y los momentos en los que ellos iban a sustentar o promocionar, de tal manera en que el estudiante supiera qué hacer y cómo iba a ser el desarrollo del taller.

“Se les entregó a todos los chicos una carpeta de autonomía, que contenía todos los temas por asignatura, el horario de los profesores que iban a estar con ellos en la sala, las fechas de promoción y sustentación de todas las asignaturas y el registro de tutorías”. Brigitte García señala que una de las dificultades de coordinación tuvo que ver con que los profesores jefes eran los tutores de estos estudiantes, pero debido a que el grupo era más autónomo optó por realizar, en coordinación con los otros docentes del equipo, ella misma las tutorías buscando que, al tener solo un interlocutor en esta área, los estudiantes “se sintieran más libres de con quien trabajar y no que todos los estuvieran presionando”.

Una parte importante del taller, fue la reunión que la inspectora general tenía con los estudiantes todos los lunes. En esta instancia les explicaba cómo iba a ser la semana, qué les faltaba, en qué estaban atrasados y el lunes siguiente revisaban los avances. “Teníamos que realizar el diálogo, pero iban avanzando harto”.

Participación y resultados

Esta experiencia piloto comenzó su implementación en septiembre de 2019 con un grupo de ocho estudiantes, de los cuales por diversos motivos cuatro decidieron volver a sus salas de clases. Luego del estallido social, dos estudiantes dejaron de asistir, pero se incorporó uno más, concluyendo el taller de autonomía con tres estudiantes.

Valentina Méndez y Luis Miño (primero medio ambos) son dos de los participantes del taller. Para ellos esta experiencia ha sido positiva en términos de que les permitió mejorar sus resultados académicos, pero también porque generó una aproximación distinta con el proceso de aprendizaje.

Para Valentina el taller es “el lugar donde puedo hacer todos los trabajos a mi ritmo. Por ejemplo, en clases eran como dos horas de estar ahí y el trabajo yo lo hacía en una, la otra hora estaba libre. Acá no, si avanzo en una hora, a la otra puedo seguir con otra materia”.

Luis en tanto, indica que el trabajo desarrollado en el taller no solo le ha servido para el desarrollo de lo académico, “soy más autónomo en la vida. Antes era mucho de hacer las cosas con alguien. De llamar a amigos y decirles que tenía tal problema. Ahora los resuelvo solo”.

Desde el mismo liceo confirman los buenos resultados que el taller ha tenido en estos estudiantes y cómo el trabajo en este curso piloto ha impactado en su rendimiento. “Estas tres personas trabajaron muy bien. Tuvieron el mejor promedio del curso estando solos, porque a ellos se les dio la capacidad de trabajar solos”.

En este sentido, María Victoria Willis, inspectora del establecimiento, ha participado del proyecto y ha sido testigo de la evolución, “he notado interés de los chicos. Al principio costó, pero se han ido acostumbrando. Especialmente a los estudiantes les gusta porque no se sienten presionados y saben que ellos van a responder”.

Para Brigitte García, uno de los resultados más interesantes es el interés de los estudiantes que participan. Especialmente de “Valentina, que es una de las chicas, está muy contenta y su mamá está muy contenta. La mamá dice que es el primer colegio en el que ella siente que su hija lo está logrando. La chica se siente como la mejor del curso. La autoestima le ha subido mucho y eso los motiva más a aprender. La idea es que los demás también sientan lo mismo. Que sepan que ellos también pueden y que son capaces”.

En esta misma línea, Silvia Granada, especialista de lenguaje y una de los docentes participantes de esta experiencia, indica que una de las grandes virtudes del proyecto es que “los estudiantes puedan decidir cómo trabajar y cómo avanzar, cumpliendo igualmente con los plazos que se les dan, porque tienen plazos para cada cosa, porque tienen que sustentar también como los demás compañeros. Lo malo es que se produce eso de que son los estudiantes estrellas, se genera un poquito de envidia, pero hay que aprovechar esa envidia para algo positivo, para también motivar a los otros a que también puedan llegar a estar como ellos”.

Taller de autonomía 2020: Futuros desafíos

Si bien este taller representó una experiencia piloto en 2019, para 2020 las expectativas son replicarlo durante el primer semestre. Para eso hay algunos desafíos que deben enfrentar, parte de los docentes que participaron del proyecto indican que una tarea pendiente es «trabajar como equipo, que todos estemos en la misma parada y con el mismo criterio frente a los chiquillos”.

Brigitte García señala que “como equipo directivo lo hemos conversado, no tan profundo porque no hemos tenido tanto tiempo. Sí consideramos que es bueno para los chicos, los reconocemos y se reconocen ellos como autónomos. Queremos seguir con la misma metodología. Nos falta estudiar más el impacto que ha generado en el colegio, en ellos, como no ha terminado el año, no hemos podido analizar bien qué impacto ha tenido hasta ahora. Pero creemos que el concepto que hemos tenido ha sido bueno”. Dentro de las prioridades que considera para 2020, se encuentra la necesidad de definir un espacio distinto a la biblioteca, realizar un proceso de socialización e incorporación por parte de los docentes y “que se consolide, que muchos más estudiantes se interesen y se entusiasmen con este taller”.