¿Qué estamos entendiendo por educación de calidad?

2019/05/12

Con los resultados PSU en mano, los medios de comunicación se han regocijado publicando artículos con los puntajes obtenidos por distintos colegios del país junto a distintos rankings. Los artículos generan importante interés en la ciudadanía acompañados de diversos debates en las redes sociales.

Entre los diversos artículos que se han publicado, hubo uno que me llamó poderosamente la atención, se titulaba: “Augusto D’Halmar, la fórmula del mejor colegio municipal de la PSU y el tercero a nivel nacional” y prometía dar a conocer el modelo para obtener esos resultados.

El artículo comienza destacando los buenos resultados del colegio señalando que “logró posicionarse entre los diez mejores colegios del país” y destacando que “el Liceo Augusto D’Halmar de Ñuñoa es el mejor establecimiento municipal del país en resultados de la PSU”.

A medida que se avanza en el texto Jaime Andrade, su director, va contando parte de la fórmula que tiene el liceo para alcanzar estos resultados mencionando la búsqueda por formar estudiantes integrales, que no sean repetidores de información, la realización de exámenes solemnes en formato tipo PSU cinco veces al año y como clave de su trabajo el trabajo “con cariño y verdadera vocación de maestro”.

Es dentro de esta lectura del artículo donde se van develando ciertos aspectos de esta fórmula exitosa que me van haciendo ruido. La primera de ellas fue que en sus planes de estudio de 4º medio consideran 9 horas para cada una de las asignaturas de Matemática, Lenguaje y Ciencias. Con 27 horas en esas tres áreas, me pregunto, ¿qué cabida le va quedando a las artes y a otras áreas del aprendizaje en la formación integral que buscan en los estudiantes? Al menos tienen una definición de estudiantes integrales muy distinta a la que uno suele escuchar en el sistema educativo chileno.

Pero no sería lo único que me llama la atención. Al avanzar en el artículo el director orgulloso hace referencia al alto nivel de exigencia que tienen con los estudiantes y declara: “llegan niños a séptimo con notas siete, pero cuando llegan aquí se encuentran con otro nivel y por eso tenemos una base de cinco cursos que termina con tres cursos, y eso pasa porque en el transcurso muchos nos son capaces de resistir las exigencias”.

En un cálculo rápido, parte de la fórmula del Liceo Augusto D’Halmar es que el 40% de los estudiantes que ingresan NO terminan de estudiar ahí porque no se la pueden con el nivel de exigencia que piden. Más aún, lo hacen en un colegio donde históricamente han seleccionado a los estudiantes que ingresan. Es decir, de cada 10 estudiantes que el colegio seleccionó en base a sus habilidades el año 2013 para ingresar, el año pasado 4 no llegaron a dar la PSU como parte del liceo porque no son capaces.

Cuando lo leí, me fui de espaldas y me pregunté: ¿es eso lo que entendemos por educación de calidad? ¿eso lo hace uno de los 10 mejores colegios del país?

A mí parecer, no podemos entender por educación de calidad a aquella cuyo modelo de enseñanza deja al 40% de los estudiantes en el camino, a la deriva del destino o del apoyo que le puedan dar sus familias y entorno social. ¡Menos aún podemos darnos el lujo de ensalzarlos como uno de los diez mejores colegios del país!

En Serf Chile creemos y trabajamos a diario para que en los  establecimientos educacionales todas y todos los estudiantes alcancen aprendizajes de calidad, y no sólo algunos. Estamos orgullosos de haber logrado reducir las tasas de abandono de los colegios con los que trabajamos y la repitencia de estudiantes pues son señales que estos han logrado ser instituciones que acogen mejor a todos los y las jóvenes que estudian ahí.

Hoy en día trabajamos con colegios que están en un nivel de desempeño alto según la Agencia de Calidad, así como otros establecimientos que se encuentran en categoría insuficiente. Por eso, reconocemos que tenemos importantes desafíos por aumentar los puntajes SIMCE y PSU, disminuir el porcentaje de estudiantes en los niveles insuficientes, y seguir disminuyendo las tasas de retiro de estudiantes, sólo por mencionar algunos.

Ciertamente los liceos Serf tenemos importantes desafíos de calidad por delante. Con esas tasas de abandono, el Liceo Augusto D’Halmar también los tiene, el problema es que mientras sigamos considerándolos uno de “los diez mejores colegios del país” difícilmente alguien se hará cargo.

Andrés Roncagliolo Cortínez
Jefe de Proyecto Serf