La importancia de considerar el ritmo de trabajo personal en el proceso de aprendizaje

2018/09/4

Frecuentemente escuchamos a autoridades de educación de diversas partes del mundo hablar acerca de la importancia de entregar una educación de calidad dentro de un contexto inclusivo. La UNESCO define educación inclusiva como el proceso de identificar y responder a la diversidad de las necesidades de todas y todos los estudiantes a través de la mayor participación en el aprendizaje. Esta definición nos podría hacer recordar una frase que en más de una oportunidad oímos en nuestro hogar y en la escuela: “Somos todos únicos e irrepetibles”. Sin embargo, a la hora de analizar cómo este factor se hace visible en los ambientes de aprendizaje de gran parte de escuelas y liceos de nuestro país, nos deja una sensación de insatisfacción. Pues, con frecuencia, se suele trabajar con todos los estudiantes bajo el mismo modelo, y creyendo a priori que todos aprenden al mismo ritmo. Recuerden: ¿cuánto tiempo les tomó aprender a multiplicar?, ¿se demoraron lo mismo que sus compañeros de clase?, ¿todos tuvieron la misma nota cuando el profesor los evaluó en las tablas de multiplicar? Ahora hagamos una hipótesis, ¿qué habría pasado si el profesor a cada uno le hubiese dado tiempo para aprender las multiplicaciones hasta dominarlas? Seguramente, la situación hubiese sido muy distinta, con algunos estudiantes terminando muy rápido y otros que se hubiesen demorado más. La percepción sobre la multiplicación seguramente también habría sido diferente. Lo anterior refleja una realidad histórica.

Metas individuales
Intentar que todos los estudiantes aprendan al mismo ritmo, no solo puede incidir en que los niños y jóvenes no puedan desarrollar los conocimientos, actitudes y habilidades definidos en los Programas de Estudio de cada nivel, sino que también puede afectar la autoestima de aquéllos que no lo logran. Un niño que se comporta de manera hiperactiva en clases podría estar dando una señal de que el profesor no está “llegando” a él, que la clase no le parece atractiva o posiblemente que ya sabe lo que el profesor le está enseñando.

Por lo anterior, el Sistema de Educación Relacional Fontán (Serf), como parte del proceso de personalización de la educación y respeto de la singularidad de cada aprendiz, considera entre sus dispositivos de acción la definición de metas individuales de aprendizaje de cada estudiante. Desafiarse a uno mismo, debido a que todos tenemos experiencias, motivaciones y habilidades diferentes es lo que moviliza a esta forma de planificar el proceso de aprendizaje. Esto aplica a todos los estudiantes, no solo aquellos que están categorizados clínicamente, pues los estudiantes “promedio” también han dado cuenta de que tienen distintos ritmos de trabajo, ¿O acaso todos demoramos lo mismo en aprender a multiplicar?

El Especialista y su rol transformador
El rol que juega el docente es fundamental a la hora de acompañar el proceso de aprendizaje de los estudiantes. Es él quien debe permitir que cada uno descubra y desarrolle al máximo su potencial, orientando la planificación de sus metas de avance en cada sector de aprendizaje, e incentivando un proceso de reflexión personal que los lleve a identificar aquellos aspectos que están influyendo en el logro de sus metas de aprendizaje.
La educación de calidad es un derecho y la historia ha demostrado que una de las claves a seguir para lograr avanzar en esta misión está en hacer coincidir la manera en que los docentes enseñan con la forma y el ritmo en que los estudiantes aprenden. Por lo tanto, ¡démosle a los estudiantes el protagonismo que necesitan!.

Por Paula Espinoza
Profesora de Ciencias con Mención en Biología
Consultora de Grupo Educativo